Cuando te haces una ecografía de embarazo, esperas ver imágenes tiernas pero típicas: un leve latido, piernas en movimiento, a veces un pequeño bostezo. Rara vez ves algo que deje al equipo médico sin palabras. Y, sin embargo, para una futura madre en Inglaterra, esta cita, por lo demás rutinaria, se convirtió en un momento verdaderamente inolvidable, digno de un pequeño milagro moderno.
Una ecografía diferente a cualquier otra
Emilie Martin, de Kent, se dirige tranquilamente a su ecografía de las 20 semanas. Como muchas futuras mamás, está deseando volver a ver a su bebé en la pantalla y asegurarse de que todo esté bien. Pero enseguida, el ambiente en la sala cambia. El ecografista mira fijamente la pantalla, frunce el ceño… y luego sonríe.
“Espera un segundo… ¿eso es pelo?”, pregunta, entre sorprendido y divertido. Un médico se acerca, observa atentamente y bromea sobre una futura estrella de rock. En la imagen, finos mechones parecen flotar suavemente, como algas en el agua. Una visión tan fascinante como inesperada.
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